La aversión a la pérdida, el efecto dotación y otros sesgos que quieren boicotear tus finanzasTiempo de lectura 8 minutos

Por Marta Moreno
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 Echa la vista atrás un momento y remóntate a tus inicios lingüísticos, ¿recuerdas cuáles fueron tus primeras palabras? Aunque no te alcance la memoria a largo plazo, parece seguro apostar por la tríada estrella, formada por: hola, mamá y agua. Superados tus primeros y adorables pinitos en el lenguaje, lo que seguro que les ha quedado grabado a fuego a tus padres fue su evolución a formas más tiranas de expresión, como los clásicos: ¡no!, ¡mío!, y la tercera palabra la cambiamos por una buena rabieta. Así dio comienzo nuestra personalidad, hasta el día de hoy.

La negación, la posesividad y el sufrimiento emergen bien pronto en nuestras vidas para quedarse, casi podemos afirmar que nos viene de serie. ¿Y por qué? Evolución, querido lector, evolución. Lo cierto es que te estabas protegiendo frente al cambio, ¡ay, el cambio! Tan impermanente y omnipresente a la vez. Ya desde temprana edad percibíamos que no nos iba a traer nada bueno…

La ciencia tiene la respuesta, ¡también en economía!

Carencia

Ya hemos sacado nuestro ramalazo científico (y algo existencial) antes en este blog. En este post sobre Economía conductual te explicábamos de dónde viene nuestra cuestionable capacidad de tomar decisiones racionales, por mucho que nos las demos de evolucionados.

Esta combinación divina de disciplinas sociales se consolidó allá por los años setenta del siglo pasado, y lo hizo gracias a las teorías y ensayos desarrollados por los psicólogos cognitivos Daniel Kahneman y Amos Tversky. Sus estudios se centraron en el proceso de toma de decisiones en situaciones de riesgo e incertidumbre y relacionadas con la economía; y determinaron que no lo hacemos de una forma estandarizada que nos lleve al beneficio seguro, ni mucho menos. Una vez más, querido homo sapiens, nos pueden las emociones.

Si alguna vez fuimos una tabula rasa, desde el momento en que reproduces tu primera palabra y empiezas a relacionarte con el mundo, esto se traduce en aprendizaje. Y el aprendizaje, condiciona. Con él también se desarrollan tus preferencias y tus miedos, y te hacen sucumbir (sin darte cuenta, ingenuo de ti) a la presión social. ¿El resultado? Nuestras decisiones dejan de pertenecernos y pasan a ser tomadas por ese gran cúmulo de condicionamientos personales y circunstancias vitales en el que nos hemos convertido: los sesgos cognitivos.

 

Nuestros viejos amigos, los sesgos cognitivos

Franquicia

Si nos sigues de cerca ya nos habrás oído hablar de esto de los sesgos cognitivos, esos atajos mentales que usa tu cerebro a la hora de tomar decisiones para no gastar demasiada energía y autoconvencerse de que va sobre seguro. 

En este post te hablábamos del efecto de arrastre y su capacidad para que te apuntes al carro de todo lo que descubres en algunas redes sociales como Pinterest o Instagram. ¿La consecuencia? Que tu economía se resiente y tus buenos y sinceros propósitos de ahorro se van al traste. Por eso, toma buena nota de los cinco métodos de ahorro infalibles que te contamos en este post. Encarrila el 2021 desde el principio y haz un seguimiento de tus gastos para que no se te escape ni un euro sin contabilizar con nuestro excel de gastos. Si aún no lo has puesto en práctica, ese otro misterio de las finanzas personales te lo contamos aquí.

Hoy te traemos unos sesgos que le hacen la vida imposible a tu economía y que están muy relacionados. Suelen estar juntos y bastante revueltos cada vez que intentas pensar con la cabeza para hacer lo correcto con tu dinero. Su máxima suele ser “más vale lo malo conocido…” y “lo mío, lo mejor”. ¿Te suenan?

 

El trío calavera

triangulo: rentabilidad, seguridad y liquidez

  • Aversión a la pérdida: nos pesan más las pérdidas que las ganancias, así de simple. Cuando nos enfrentamos a una decisión que entraña cierta incertidumbre, nos inclinaremos más por el no perder que por el ganar, aún cuando las posibilidades de beneficio sean reales y considerables. 

Concretamente, los estudios de la economía conductual estiman que nos pesa 2,5 veces más perder que ganar. Por eso te ha dolido (2,5 veces) más perder ese billete de 10 euros no se sabe dónde, de lo que celebraste encontrártelo esta mañana tirado en la calle. 

  • Aversión al riesgo: es la consecuencia de nuestra aversión a la pérdida. Como odiamos perder, y aunque las personas tenemos diferentes niveles de tolerancia al riesgo, en general solemos decantarnos por las decisiones menos arriesgadas, aún cuando entrañen menos ganancias. O el popular “Virgencita, que me quede como estoy”. 

Aquí entra en juego el efecto certeza, que es el que nos impulsa a tomar riesgos muy limitados, aunque esto implique que también ganaremos menos. O lo que solemos hacer al invertir el común de los mortales.

Nuestra relación con el riesgo se manifiesta de diferentes maneras según las circunstancias y también tiene sus contradicciones. Por ejemplo, en un caso de pérdida segura, preferimos arriesgarnos aún más para evitar la pérdida. 

Seguro que se te viene a la mente la clásica escena de película de “ruina en el casino”, cuando el tipo en cuestión se marcha sin dignidad y sin un duro en lugar de haber elegido una prudente retirada a tiempo. 

Es el efecto reflejo, que nos impulsa a arriesgarnos más para recuperar un dinero que hemos perdido de lo que lo haríamos para ganar esa misma cantidad de dinero. Esta reacción está a su vez muy relacionada con el sesgo del punto siguiente. ¡Ah! Y también con el sesgo del status quo, que nos hace aferrarnos a las cosas tal y como son y considerar cualquier cambio como algo negativo que puede suponer una pérdida. 

  • Efecto dotación: alcanzado este sesgo, ya podemos decir que hemos entrado oficialmente en bucle. Se trata del golpe de efecto final a tus aversiones, puesto que te hace otorgarle más valor a lo tuyo que lo del vecino, objetividades y tasaciones aparte. 

Cuando algo nos pertenece tendemos a sobrevalorarlo, debido al vínculo emocional que hemos establecido con él. Por ese valor sentimental, solemos vivir el deshacernos de una propiedad, por pequeña que sea y aunque se haga de forma voluntaria, como una pérdida. Y ya sabes que eso de perder se nos da regular…

Seguro que has experimentado con gran ofensa el regateo de un posible comprador de eso que te has decidido a vender en una app de segunda mano. Y ahora piensa un momento, porque seguro que la última vez que regateaste tú te pareció de lo más justo…

¿Te habíamos dicho tres sesgos? Ups, parece que la cosa se nos ha ido un poco de las manos…

 

¿Y cómo afectan a tu economía de todos los días?

ámbitos en los que ahorrar dinero a diario

Estos sesgos cognitivos están presentes a lo largo y ancho de cada decisión que tomamos, por ínfima que sea. Desde prescindir del café de media mañana hasta cambiarte de barrio. Sin embargo, como ya habrás adivinado, alcanzan todo su esplendor cuanto más tengan que ver con tu economía. 

Tomar decisiones financieras nos saca todo el instinto de supervivencia que nos queda a pelear por lo que es nuestro y conocido y a alejarnos del cambio y la incertidumbre. ¿Quieres ejemplos concretos de todo lo que hemos descrito arriba? 

Tienes el mejor en cualquier caso de inversión. Estos sesgos nos harán decantarnos por las opciones aparentemente más seguras y estables, aunque apenas nos reporten beneficios y sí entrañen riesgos (como todas). De esta forma nos conformamos con ponerle el check a nuestra incursión en el mundo de la inversión y evitarnos las palpitaciones a media noche. 

Igualmente, nos harán seguir apostando por una acción que objetivamente ha dejado de ser rentable y no hace más que acumular pérdidas, solo por el vínculo que hemos desarrollado con ella, o en un intento desesperado de no aceptar que nos ha hecho perder dinero. También que deseches buenas ofertas de compra de tu casa porque ninguna va a pagar todos los recuerdos familiares que tienes de ella, y podríamos seguir.

¿La solución a tanto bloqueo evolutivo y sentimental? Choque de racionalidad: ¡aprender de finanzas e inversión! Sabemos que a veces asusta un poco, pero al final las han inventado los humanos… Tendemos a desconfiar de todo aquello que desconocemos y asumimos que es malo, pero esto no es más que tu supervivencia tomando el control en modo automático.

Entiende y aprende de finanzas y ponlas de tu lado en lugar de temerlas, porque en realidad tienen muchísimo que aportar a tu felicidad y prosperidad. Nadie sabe cómo cuidarte mejor que tú mismo, y Bnext quiere ayudarte en esta misión. ¿Que no sabes por dónde empezar? Este post te sacará de dudas. Este 2021 saca tu yo más aventurero y lánzate a controlar tus finanzas.

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