Instagram y Pinterest no te dejan ahorrar. Conoce el efecto arrastreTiempo de lectura 6 minutos

Por Marta Moreno
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¿Te acuerdas de este post? Hace unas semanas nos adentrábamos en el universo de la Economía conductual para tratar de entender qué bombillas se nos encienden en el cerebro y nos alumbran el camino hacia la toma de decisiones, no siempre demasiado acertadas en lo que a economía se refiere…y a todo en general, ¡para qué negar lo evidente!

Nuestros antiguos mecanismos de supervivencia que tantas veces nos libraron de ser comidos por un mamut siguen anclados a nuestro cerebro primitivo, y aún hoy en día nos salvan de muchas situaciones escabrosas. 

Aunque ya no solamos tener que salir corriendo para salvar nuestra vida tanto como entonces, el estado de alerta en el que entra nuestro cerebro en cuestión de milésimas de segundo sigue en plena forma y más que presente en todo momento, ¿te habías dado cuenta? 

 

La conexión profunda con tu yo primitivo de la que aún no te has librado

Si te paras a observar tus procesos de toma de decisiones probablemente empieces a ver pistas muy pronto. Tu modo supervivencia se ha vuelto más sutil y discreto, pero más veces que menos te está haciendo jugarretas sin que te des ni cuenta. 

¿De qué tipo? Pues de muchos pero, a grandes rasgos, se pone en modo piloto automático y simplemente no te permite reflexionar detenidamente sobre tus acciones. ¿El resultado? Sentimos miedo, inseguridad y ansiedad cuando no hace falta y no nos va la vida en ello, y actuamos sin pensar. Tendemos a generalizar y buscamos justificaciones (y a veces culpables) para tomar decisiones más bien simples, y así salvar nuestro trasero lo antes posible, que para eso nos programó la naturaleza. 

Y mientras tanto nuestro pobre neocortex, esa parte de nuestro cerebro que nos hace humanos porque nos permite analizar, razonar y tomar decisiones informadas, se lleva las manos a la cabeza. “¿Y cuándo me preguntarán a mí? ¡Si soy el único que piensa con la cabeza aquí!” ¿Quién dijo que la evolución fuera justa?

 

Un cavernícola en el siglo XXI

Ratio de capital de trabajo

Si te estás preguntando cómo se traduce este patinaje evolutivo de tu cerebro en tu día a día, y en tu economía, que es lo aquí nos ocupa, se llama “efecto de arrastre”. Te lo explicamos enseguida, vas a tardar cinco segundos en sentirte identificado.

El efecto de arrastre podría definirse como esa fuerza oculta y maligna que te empuja irremediablemente y como en un estado de delirio y de no conciencia a hacer lo que hace el vecino. ¿Lo que tiene el vecino? ¡Lo quiero! ¿Lo que hace el vecino? ¡Es lo correcto! Y cuantos más vecinos tengas alrededor haciendo lo mismo, antes seguirás sus pasos como un sonámbulo. ¿Y si no tienes vecinos cerca? Eso no es problema, ya te encargas tú de buscarlos, ¡cuantos más, mejor! 

Nos lo dice la psicología conductual al describir este sesgo cognitivo, el del efecto de arrastre: tendemos a tomar decisiones fijándonos en lo que hace la masa, y cuanto mayor sea el número de personas que haya tomado una decisión, con más seguridad nos lanzaremos hacia ella. 

¿Y a qué se debe semejante falta de personalidad, te estarás preguntando? Pues a un deseo mucho más fuerte que el de ser original, que es el de ser aceptado, el de pertenecer al grupo, porque este nos asegura la supervivencia. Aquí es donde enlazamos con el momento mamut, cuantos más cavernícolas juntos, más fácil es protegerse y  sobrevivir al ataque. 

Por ese motivo buscamos razones para reafirmarnos en nuestras decisiones, en forma de personas que ya han tomado la misma que nosotros anteriormente, y de justificaciones a menudo facilonas o superficiales. Aquí entra el juego otro sesgo, el de confirmación, o la manía que tenemos siempre de querer llevar razón.

 

¿Decisión o tendencia?

Franquicia

El mundo de la publicidad ha estado desde siempre perspicaz y fue de las primeras en prestar mucha atención a lo que apuntaba la psicología conductual, disciplina que analiza la forma en la que tomamos decisiones, precisamente para poder influir en ellas. De esta manera expone tu decisión a lo que ya hace el grupo para que sigas su reguero, y te apuntes a todo tipo de nuevas modas. 

Y no te hablamos solo de ropa, ni mucho menos. Te hablamos de absolutamente todo: desde comer aguacates, a viajar de mochilero, hacer crossfit, comprarte una casa o invertir en bitcoin. Todas nuestras decisiones están influenciadas por la gente que ya ha optado por ellas antes y por cómo nos las presenta la publicidad. 

El carvernícola que vive atrapado dentro de ti cada día lo tiene más complicado, las redes sociales son para él una trampa constante. Cuando tienes un escaparate interminable y permanentemente actualizado con las cosas que más deseas y que más apelan a tu deseo irracional, más difícil es resistirse, claro está. Tu móvil esconde todo un mundo de posibilidades y funcionalidades que te hacen la vida más fácil, pero también es una tentación constante de supuestas necesidades que surgen en ti como setas.

 

Las redes sociales: tentaciones de la vida moderna vs. tu economía

Dos grandes ejemplos de lo que te acabamos de contar son las redes como Pinterest e Instagram. Es como el mundo hecho de chocolate con el que soñabas en tu infancia, quieres comértelo todo. Los ojos se te salen de las órbitas mientras haces scroll en trance y te apuntas a todos los carros que ves desfilar por delante mientras van menguando las cifras de tu cuenta corriente sin que apenas te des cuenta…

Todos soñamos con teletransportarnos a un mundo de caprichos y con acceder a una vida mejor, y el hecho de ver tantas opciones disponibles puede engañar a nuestro cerebro, pero ¿necesitas realmente estar al día en todas las tendencias? La lista es interminable y las opciones absolutamente hipnóticas y deseables, aunque ya sabes que cuando sacas el regalo de la caja empieza a perder el interés…

Esta es la realidad, pero no te la contamos para ponernos dramáticos ni que te vuelvas conspiranoico, sino para que reconozcas el terreno de juego mental en el que nos movemos y que puedas diseñar mejor tu estrategia. ¿Cómo? Ahora que eres consciente del papel que tienen las emociones más básicas que nos hacen humanos, como el miedo y nuestra naturaleza gregaria, podrás identificarlas mejor y verlas venir de lejos cuando vayas a tomar una decisión. 

La próxima vez que tengas que decidir algo, párate un momento y analiza: ¿por qué estoy eligiendo este camino? ¿qué me aporta? ¿es realmente lo que necesito o lo que quiero? Bájale el volumen a tu amígdala, donde se esconde tu instinto de supervivencia, y pásale el micrófono a tu neocórtex, a ver qué tiene que decir y haz tu lista de pros y contras, ¡ese truco nunca falla!

Decide tú el espacio que le dejas a las tentaciones, ¡que no te dominen ellas a ti! Suma esta mentalidad a tu plan de finanzas personales y verás cómo mantienes los movimientos de tu cuenta corriente a raya y empiezas a llevar a tu economía a nuevos horizontes.

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