¿Eres dueño de tus decisiones? La Economía conductual tiene la respuestaTiempo de lectura 7 minutos

Por Marta Moreno
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Y a ti, ¿cómo se te da eso de tomar decisiones?¿Sientes que a veces lo que dicta tu razón va por un lado y tus acciones por otro?

¿Tomas tus propias decisiones o te dejas influir por las elecciones de los demás? ¿Te puede el disfrutar del aquí y el ahora o eres capaz de sacrificarte por un beneficio a largo plazo?

A lo mejor estamos metiendo el dedo en la llaga y te están entrando ganas de cerrar este post para no enfrentarte a los demonios financieros (entre otros) que te persiguen y atormentan tu conciencia pero, un momento, aquí empieza la parte buena. Resulta difícil concebir el animal que somos (o queda de nosotros) separado de nuestro contexto social, que hoy en día nos define y prácticamente llevamos ya en los genes. Por eso, si has respondido afirmativamente a las preguntas de más arriba, te aliviará saber que esa pequeña nube negra que te acompaña, en realidad nos persigue a todos, se podría decir que casi es cualidad humana. Este patrón de decisiones que nos atormenta no suele dejarnos tomar la decisión más acertada sistemáticamente, por mucho que a veces esta resulte evidente. ¿Por qué?

 

Nos remontamos a los inicios

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Tradicionalmente, la economía concebía a las personas como seres capaces de tomar decisiones racionales (¡primer error!) y sumaba todas ellas para determinar cuáles eran nuestras tendencias de gasto, consumo e inversión para así crear patrones. Sin embargo, hace ya muchos años que estas tendencias comenzaron a analizarse desde un prisma social y neurocientífico, desvelando que los seres humanos no somos tan capaces de utilizar la información objetiva que tenemos a nuestro alcance para valorar los riesgos y beneficios que implican las decisiones que tomamos con el objetivo de alcanzar nuestras metas.

Hace unos veinte años, aproximadamente, que la economía y la psicología se aliaron para explicar cómo piensan, eligen y deciden las personas de carne y hueso. En la infancia a todos nos taladraron con bastante éxito el concepto de lo bueno y lo malo y, afortunadamente, así en la mayoría de las situaciones cotidianas sabemos discernir cuál es la decisión que más nos conviene y nos va a reportar más beneficios a largo plazo. Que optemos por ella, sin embargo, ya es otra historia… ¿qué ha fallado por el camino, entonces? La Economía conductual, esa mezcla providencial de disciplinas sociales, surgió para dar respuesta a esta pregunta, y analizar cómo nos comportamos las personas en las diferentes situaciones de la vida cotidiana, según el entorno en el que nos encontremos y bajo el efecto de los factores específicos del momento.

 

El nuevo mundo de la Economía conductual

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En medio de esa infinidad de combinaciones y momentos diferentes a la que puede dar lugar nuestro día a día, la Economía conductual nació para explicar nuestro proceso de toma de decisiones (relacionadas con nuestra economía, claro está) y los factores que entran juego: nuestras preferencias, adicciones, inclinaciones, el aprendizaje y la presión social, nuestro comportamiento ante el riesgo y la incertidumbre…así es capaz de definir nuestros patrones de comportamiento de forma realista. Estos, aunque a veces nos duela el orgullo a reconocerlo, son totalmente predecibles y están absolutamente sesgados por el entorno que nos rodea. 

La buena noticia es que esto no es simplemente nuestra culpa, sino que somos un producto de nuestra naturaleza social: el grupo, ese a quien nos encanta echarle la culpa de todo, y a veces lo hacemos con razón. Para aplicar toda esta teoría a nuestro día a día y termines de identificarte con ella, la Psicología conductual, en general, viene a explicar por qué somos incapaces de tomar decisiones racionales y beneficiosas para cumplir nuestros propósitos más básicos y extendidos entre el grueso de la población: comer bien, hacer deporte, ahorrar, y dejar de procrastinar hasta el infinito. 

Aquí entran en escena los sesgos cognitivos, que no son otra cosa que atajos mentales que hacen que tomar decisiones nos resulte más fácil, y que no tengamos que filtrar las miles de opciones que a veces se nos plantean y hay que analizar para tener la certeza de que seguimos el camino correcto. ¿Te imaginas tener que analizar la carta, el local y el servicio de todos los restaurantes a los que podrías ir a cenar este fin de semana? Ahora imagina tener que seguir ese proceso de selección para todas las decisiones que tienes que tomar en tu día a día, desde qué camiseta ponerte por la mañana hasta qué combinación de todo lo que tienes en tu nevera es la mejor para tu cena de hoy…quedaríamos exhaustos y paralizados ante tanta opción y directamente no saldríamos de casa.

 

Recursos de la vida moderna y no tan moderna

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¿Cómo lo hacemos, entonces? Mirando lo que hace el de al lado, basándonos en la experiencia de los que nos rodean y, generalmente, dando por sentado que los demás tomaron la decisión correcta. Y también creando hábitos y poniendo el piloto automático en muchas de nuestras actividades del día a día. 

Este es un recurso que, si bien no es nuevo en absoluto, hoy en día ha tomado nuevas dimensiones y tiene un alcance nunca antes logrado con nuestro actual uso de internet. Este nos permite consultar cualquier decisión a la que vayamos a enfrentarnos con la práctica totalidad del mundo, gracias a las valoraciones y opiniones que colgamos en redes sociales, buscadores y apps dedicadas al ocio. 

¿Quién dijo que no se nos da bien la economía? Aquí tenemos un gran ejemplo de economía del esfuerzo mental que seguimos todos sin excepción. El lado bueno es que nos permite ser más eficientes en muchas de nuestras tareas diarias. El no tan bueno es que gran parte de las veces no tomamos decisiones objetivamente beneficiosas, simplemente son las más repetidas en nuestro entorno o las que nos resultan más cómodas de tomar. Nos guste o no, no nos queda más remedio que aceptar nuestra naturaleza gregaria y un poco vaga y seguir adelante con nuestras vidas, pero conociéndonos un poco mejor, ¡eso sí!

 

Mirando el futuro entendiendo el presente

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Si quieres dar las gracias que se merecen por esta losa de culpabilidad que te acabas de quitar de encima, puedes dárselas a los economistas y psicólogos considerados padres de la Economía conductual o Psicología económica, Amos Tversky, Ward Edwards, Daniel Kahneman, y Richard H. Thaler que a mediados del siglo veinte comenzaron a comparar sus modelos de psicología conductual en condiciones de riesgo e incertidumbre con modelos económicos de comportamiento racional. Muchos otros economistas habían sentado las bases de esta nueva disciplina en el pasado, que ha seguido desarrollándose después, granjeándoles más de un premio nobel de economía entre sus filas.

Aunque los numerosos estudios científicos que se han realizado sobre nuestro comportamiento y nuestra toma de decisiones han sido contextualizados en todos los aspectos de nuestra vida, estos suelen aplicarse al campo de la economía concretamente. Gracias a ellos se han podido desarrollar modelos económicos más precisos y reales, a día de hoy omnipresentes en la creación de políticas públicas y en el mundo de los negocios, tal y como los experimentamos en la actualidad.

¿Te gustaría saber cuáles son los sesgos cognitivos que más afectan a las decisiones que tomamos acerca de nuestra economía? Pues síguenos de cerca, pronto te contaremos cuáles son y cómo influyen en tu forma de ahorrar, de gastar y de enfrentarte a los retos financieros que te plantea la vida. Nada mejor que conocerse para tomar decisiones que beneficien tu bolsillo y tu felicidad a partes iguales, ¿no te parece?

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